domingo, 28 de mayo de 2017

"La Portuguesa" de Robert Musil

Musil provenía de una familia de la baja nobleza. Musil se rebelaba ante la educación y sus padres le enviaron todavía siendo un niño como interno en la escuela militar de Eisenstadt, de 1892 a 1894. En septiembre de este año, entró en el instituto militar para jóvenes oficiales Mährish-Weisskirchen, en Hranice (1894-1897). Fue una experiencia que le serviría, luego, para escribir su primera novela, Las tribulaciones del estudiante Törless. Abandonó sin embargo dicha academia, dado su interés por la técnica y la ciencia, y se licenció como ingeniero (1898-1901) en la escuela superior de Brno

Su curiosidad incesante le llevó a extender sus estudios a la psicología, la lógica y la psicología experimental en la Universidad de Berlín, 1903-1908. Enseñó ingeniería mientras escribía su primera novela, Las tribulaciones del joven Törless (1906), con una dura descripción de la vida de adolescentes en un colegio militar. El éxito de esta obra le animó a dejar la enseñanza y a compaginar su trabajo como bibliotecario y editor de la revista Die neue Rundschau, en Berlín (1914), con la escritura de dos novelas cortas sobre las relaciones amorosas, Uniones (1911).
Salvo dos años más en Berlín (1931–1933), vivió en Viena hasta la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, momento en el que se exilió en Suiza, en parte por el origen de su mujer Marthe Marcovaldi, con la que se había casado en 1911, en parte por su visceral oposición política e ideológica. Murió en Ginebra, con grandes dificultades económicas, en 1942, apoyado fuertemente por su mujer; algunos amigos que le ayudaron anónimamente.

En este lapso final, su tarea fundamental fue escribir una larga (dos volúmenes), panorámica e inacabada novela, El hombre sin atributos (1930–1943), cuya idea original se remonta a 1905.3 En ella examina la existencia sin objetivos de su personaje principal, Ulrich, un antihéroe, sobre el fondo de la sociedad austriaca anterior a 1914 en plena crisis; pero la novela es mucho más que el testimonio del final del Imperio. Su minuciosa recreación la lleva a cabo considerando una especie de sociedad patriótica (la acción paralela), las discusiones con unos amigos nietzscheanos, y ciertos amoríos, incluyendo sus complicadas y singulares relaciones con su hermana. Constituye una de las obras narrativas más ambiciosas del siglo XX, en la que se discuten mil teorías (poder, música, crimen, amor, desmedida social, influjo del pensamiento en la acción). Su reescritura continua en más de una década favoreció esa profundización y también esa dispersión.5

En suma, El hombre sin atributos consagró póstumamente a Musil, como un escritor que en sus obras combinó de una manera excepcional la reflexión y los hechos, la ironía con la utopía, para analizar la gran crisis espiritual de su época y la descomposición del Imperio austro-húngaro y la complejidad del siglo que le arrasaría personalmente en 1942, antes de que pudiese ver el desastre último de una política criminal.



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