sábado, 13 de mayo de 2017

"La busca de Averroes" de Jorge Luis Borges


"La busca de Averroes"

El Aleph, 1949

Empecemos por una de sus tantas posibles lecturas, a través de los subrayados:

que la divinidad sólo conoce las leyes generales del universo, lo concerniente a las especies, no al individuo.

de algún patio invisible se elevaba el rumor de una fuente;

se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno.

Aristóteles. Este griego, manantial de toda filosofía, había sido otorgado a los hombres para enseñarles todo lo que se puede saber;

La víspera, dos palabras dudosas lo habían detenido en el principio de la Poética. Esas palabras eran tragedia y comedia. Esas dos palabras arcanas pululaban en el texto de la Poética; imposible eludirlas.
De esa estudiosa distracción lo distrajo una suerte de melodía.

con esa lógica peculiar que da el odio.

habla de un árbol cuyo fruto son verdes pájaros. Menos me duele creer en él que en rosas con letras.

pero se deja describir con las mismas voces.

–Los actos de los locos –dijo Farach– exceden las previsiones del hombre cuerdo.

Al fin habló, menos para los otros que para él mismo.

sólo es incapaz de una culpa quien ya la cometió y ya se arrepintió; para estar libre de un error, agreguemos, conviene haberlo profesado.

si el fin del poema fuera el asombro, su tiempo no se mediría por siglos, sino por días y por horas y tal vez por minutos. La segunda, que un famoso poeta es menos inventor que descubridor.

Infinitas cosas hay en la tierra; cualquiera puede equipararse a cualquiera. Equiparar estrellas con hojas no es menos arbitrario que equipararlas con peces o con pájaros. En cambio, nadie no sintió alguna vez que el destino es fuerte y es torpe, que es inocente y es también inhumano. Para esa convicción, que puede ser pasajera o continua, pero que nadie elude, fue escrito el verso.

el tiempo, que despoja los alcázares, enriquece los versos.

condenó por analfabeta y por vana la ambición de innovar.

Reflexioné, después, que más poético es el caso de un hombre que se propone un fin que no está vedado a los otros, pero sí a él.
Sentí, en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito. (En el instante en que yo dejo de creer en él, «Averroes» desaparece.)

El tiempo agranda el ámbito de los versos y sé de algunos que a la par de la música, son todo para todos los hombres.

http://delaberintosydeespejos.blogspot.com.ar





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