sábado, 30 de julio de 2016

"Ella" de Juan Carlos Onetti

El cuento “Ella” de Juan Carlos Onetti comienza describiendo la reacción de la oligarquía argentina frente a la muerte de Eva; el festejo con champán manifiesta la alegría de los opositores, quienes vaticinan “el principio del fin” del peronismo. Luego, el relato reconstruye los últimos momentos de vida de Eva y su posterior embalsamamiento con el cual se intensifica un proceso de santificación que había comenzado en vida. En este sentido, la ficción le permite acceder al lector a una versión de los hechos que confronta con la historia oficial, puesto que devela la puesta en marcha de un plan macabro pergeñado por “el mandatario mandante”, cuyo objetivo era perpetuar la relación que Eva había construido entre él y el pueblo, no ya bajo la figura de una líder política sino de una santa popular.

Es así como el cuento ofrece una “pequeña historia” que el narrador evalúa como “más próxima a la verdad que las escritas y publicadas con H mayúscula" (Onetti, 2006, s/d). En esta versión, Perón (a quien se alude con el pronombre personal “Él” en mayúscula) recibe con total frialdad la noticia del deceso de su mujer, agradece a los médicos los servicios prestados y ordena dar a conocer lo sucedido al pueblo. Mientras tanto, el embalsamador Catalán “llamado por Él desde hacía un mes para evitar que el cuerpo de la enferma siguiera el destino de toda carne.” (Onetti, 2006, s/d) comenzaba con su trabajo. La reacción mesurada y racional de Perón frente a la muerte de su compañera permite pensar que era lo esperado para continuar con su plan: la preparación del cuerpo para borrar toda huella de corrupción y su posterior funeral. Todos estos, engranajes de una maquinaria de manipulación política que Perón había puesto en marcha mucho antes con el objetivo de conservar su poder.

Por su parte, el pueblo peronista al enterarse de la muerte de Eva y de que su cuerpo sería velado públicamente, acudió de manera masiva a despedir sus restos en medio de un ritual popular:

el primer contingente comenzó a llegar a las nueve de la noche y provenía de barriadas desconocidas por los habitantes de la Gran Aldea, de villas miserias, de ranchos de lata … encendían velas en cuanta concavidad ofrecieran las paredes de la avenida …. Allí fijaban estampas o recortes de revistas y periódicos, que reproducían infieles la belleza extraordinaria de la difunta. (Onetti, 2006, s/d).

Esta descripción que Onetti hace del funeral de Eva exhibe la beatificación pagana que el pueblo hace del cuerpo, una reacción en cierta forma esperada por Perón quien, como afirma Alejandro Susti González, al preservar el cadáver crea “una analogía entre la vida del personaje y la de los santos y mártires cristianos: subraya el triunfo sobre la muerte y la corrupción y prepara los restos del personaje para la nueva vida” (Susti Gonzáles, 2007, p139).



No hay comentarios:

Publicar un comentario