sábado, 20 de septiembre de 2014

"El vendedor de pararrayos" de Herman Melville


Herman Melville nació en Nueva York el 1 de agosto de 1819. Su familia paterna, originalmente apodada Melvill, estaba emparentada remotamente con la aristocracia inglesa, y la materna, los Gansevoort, provenía de uno de los primeros pobladores neerlandeses de la isla de Manhattan, y directamente de un afamado héroe de la Revolución estadounidense. Su madre, ejercía la prostitución y era incapaz de mantener a su familia. Su padre, no obstante, vivió más de ilusiones de grandeza que de méritos propios, y apenas pudo mantener a flote un negocio de importación de productos europeos, teniendo que acudir repetidamente a préstamos y ayudas de los familiares, y hundiéndose poco a poco hasta que en 1830 tuvo que declararse en bancarrota. Un año después, agotado psicológicamente, murió de manera repentina en circunstancias que podrían apuntar a un suicidio encubierto. Dejó viuda y ocho hijos, cuatro mujeres y cuatro hombres.

Herman era el segundo de los varones y el tercero en total. Cuando su padre murió contaba doce años. La muerte del padre supuso una debacle familiar que obligó a lo hijos mayores a dejar los estudios y al traslado familiar desde Nueva York a Albany, en el mismo Estado, donde Herman Melville fue empleado en un banco local. Pasó luego a desempeñar diversos oficios, entre ellos el de maestro rural, lo que indica que a pesar de su falta de estudios oficiales había logrado adquirir un cultura relativamente amplia.

En 1849 realizó un viaje a Europa, en parte para gestionar la publicación de su obra de Inglaterra y en parte por avidez de cultura. A su regreso emprendió la redacción de la que sería su obra maestra y uno de los libros fundamentales de la historia de la literatura universal: Moby-Dick. Su redacción le llevó casi dos años, durante los cuales se trasladó de Nueva York a una granja situada en Pittsfield (Massachusetts) que adquirió gracias a un préstamo de su suegro, el juez Shaw. Cerca de dicha granja vivía el escritor Nathaniel Hawthorne, con quien durante estos años mantendrá una estrecha amistad. El esfuerzo de la creación de una obra como Moby Dick, unido a su fracaso comercial, le pasará factura psicológicamente.

Su siguiente obra, Pierre es un caótico melodrama en el que a última hora incluye una serie de alusiones a su fracaso con Moby Dick, que supone un fracaso aún mucho mayor y su descrédito literario. Aislado en su granja, publica a continuación una serie de narraciones breves de gran originalidad, de las que algunas –en especial Bartleby el escribiente– se convertirán en clásicos de la literatura universal.

Acosado por las deudas, se verá obligado a vender la granja y trasladarse a vivir de nuevo en Nueva York, donde acabará aceptando un modesto trabajo como inspector de aduanas. Aunque todavía publicará dos novelas más, Israel Potter y Confidence Man, durante la última parte de su vida se dedicará a la poesía, y en especial a la redacción de un larguísimo poema épico –16000 versos– titulado Clarel basado en sus experiencias durante un viaje a Tierra Santa. Su vida, por lo demás, estuvo marcada por problemas físicos y psicológicos, en especial a raíz del suicidio de su hijo mayor.

Falleció en 1891 completamente olvidado, pero su obra prevaleció entre unos pocos aficionados, y a partir de la segunda década del siglo XX su figura fue revalorizándose hasta convertirse en uno de los más apreciados escritores no sólo de la literatura norteamericana, sino de la mundial.


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